En un mundo donde la comunicación no existe y donde el
fabuloso internet nos ha llevado al silencio más absoluto, que solo es
interrumpido por el sonido de las teclas de vuestros Smartphones - que son lo
único “smart” que lleváis encima- o de vuestros
portátiles. Sí, esos que os han costado una puta fortuna porque llevar
una manzanita es cool, con los que solamente escribís gilipolleces a las que
nadie jamás les dará importancia. Porque asumidlo: a nadie le interesa leer
vuestra mierda, al igual que a vosotros no os interesa escuchar la de los
demás.
Y así estamos, en un mundo donde las opciones de
comunicación son infinitas, donde proliferan las redes sociales, donde las
fulanas y los pobres payasos descerebrados que intentan meter su triste polla
en caliente en algún chochito que este de oferta se creen los reyes del mundo;
pero en las que nadie se comunica, en las que nadie habla. Donde esos “amigos”
que odiabas a muerte en tu instituto te agregan como amigo porque su base de
fans ha de ser más grande que la del vecino para demostrar que su popularidad
es más grande que sus maltrechos egos, que están hartos de vivir dentro de
semejantes criaturas abominables y subnormales que no les dan ni un mísero
descanso.
Y aquí está mi ego, escribiendo estas estúpidas palabras
preguntándose qué coño ha estado haciendo con su vida, y cómo coño ha llegado
hasta aquí. Posiblemente yo no pase a la historia y seré como el resto de
vosotros, pero mientras tanto seguiré soltando mi mierda aquí a modo de
terapia. Internet es un cagadero y a mí también me gustaría soltar mis heces
aquí. Total, eso que me ahorro en papel higiénico.
Tirad de la cadena al salir.