domingo, 10 de marzo de 2013

VAGINA TOWN



Bienvenidos a Vagina Town, la ciudad vasectomizada, donde el respeto hacia los demás y la igualdad entre especies no existe.

Bienvenidos a la ciudad donde la misoginia es fomentada, por las propias mujeres. Esas Beyoncés y Lucy Lius de polígono, que mueven sus culos al son de esa metástasis sonora llamada “electro latino”, que probablemente se gestaría en el inodoro de un productor azteca, cuya tatatara abuela seguramente fue sodomizada por Hernán Cortes y ahora se cobra así su particular venganza sobre el imperio Español.

Ese imperio lleno de subnormales, patéticos y penosos que venden sus tristes almas, o lo que les queda de ellas, si es que alguna vez tuvieron, al mejor postor por mojar la insignificante expresión de la virilidad que tienen entre las piernas, en cualquier vagina que este a menos de un metro de distancia.

Y es que entrar a cualquier local donde se sirven bebidas espirituosas, las únicas que consiguen, que como buen neoyorquino que soy, no ejerza mi derecho de comprarme una ametralladora y hacer un buen uso de ella. Decía que entrar en cualquier local de esta índole, es como estar en el corredor de la muerte, las Beyoncés de polígono, te juzgan y te miran como un criminal mientras tú te abres paso hacia la muerte, en un pasillo con paredes de pollas erectas que intentan penetrar en un agujero a toda costa.

Y es que el comportamiento de mis camaradas de especie, me proporciona arcadas, peores que las de la peor de las resacas. Sobre todo cuando les veo extender sus alas de ave carroñera y acosar y perseguir con su patetismo a todo conejo que corretea por el campo.

Precisamente son ellos los creadores de estas falsas divas, de estas Cleopatras que visten bisutería barata y que creen que sus vulvas están esculpidas en oro de dieciocho quilates. Zorras que se creen con derecho a juzgar a los demás, a mirar por encima del hombro a todo bicho viviente con alevosía y hasta con misericordia, mientras sus fieles súbditos intentan meterse en sus coños sin importar como, sin dignidad ni respeto ninguno hacia ellos mismos, ni hacia los demás.

Así es la vida en Vagina Town,  una ciudad donde la misoginia es llevada a cabo por las propias mujeres y donde los hombres se vasectomizan hasta el alma, sin importarles absolutamente nada las consecuencias.

Los mayas dijeron que el fin del mundo estaba cerca, y viendo cómo se vive hoy en día en Vagina Town, quizás no estaban tan equivocados.


lunes, 18 de febrero de 2013

A Young Man From Nowhere

O quizás no tan joven, qué más da.

En un mundo donde la comunicación no existe y donde el fabuloso internet nos ha llevado al silencio más absoluto, que solo es interrumpido por el sonido de las teclas de vuestros Smartphones - que son lo único “smart” que lleváis encima- o de vuestros  portátiles. Sí, esos que os han costado una puta fortuna porque llevar una manzanita es cool, con los que solamente escribís gilipolleces a las que nadie jamás les dará importancia. Porque asumidlo: a nadie le interesa leer vuestra mierda, al igual que a vosotros no os interesa escuchar la de los demás.

Y así estamos, en un mundo donde las opciones de comunicación son infinitas, donde proliferan las redes sociales, donde las fulanas y los pobres payasos descerebrados que intentan meter su triste polla en caliente en algún chochito que este de oferta se creen los reyes del mundo; pero en las que nadie se comunica, en las que nadie habla. Donde esos “amigos” que odiabas a muerte en tu instituto te agregan como amigo porque su base de fans ha de ser más grande que la del vecino para demostrar que su popularidad es más grande que sus maltrechos egos, que están hartos de vivir dentro de semejantes criaturas abominables y subnormales que no les dan ni un mísero descanso.

Y aquí está mi ego, escribiendo estas estúpidas palabras preguntándose qué coño ha estado haciendo con su vida, y cómo coño ha llegado hasta aquí. Posiblemente yo no pase a la historia y seré como el resto de vosotros, pero mientras tanto seguiré soltando mi mierda aquí a modo de terapia. Internet es un cagadero y a mí también me gustaría soltar mis heces aquí. Total, eso que me ahorro en papel higiénico.

Tirad de la cadena al salir.